miércoles, 14 de mayo de 2008

Campos de Castilla (Patricia)

Mi infancia son recuerdos de un patio de sevilla
y un huerto claro donde madura el limonero;
mi juventud, veinte años en tierra de castilla;
Ni un seductor Mañara, ni un bradominhe sido
- ya conocèis mi torpe aliño indumentario-
mas recibì la flecha que me asigno Cupido,
y amè cuanto ellas puedan tener de hospitalario.
Hay en mis venas gotas de sangre jacobina,
pero mi veno brota de manantial sereno;
y, màs que un hombre al uso que sabe su doctrina,
soy, en el buen sentido de la palabra, bueno.
Adoro la hermosura, y en la moderna estèrica
cortè las viejas rosas del huerto de ronsard
mas no amo los afeites de la actual cosmètica,
ni soy un ave de esas del nuevo gay-trinar.
Desdeño las romanzas de los tenores huecos
y el coro de los grillos que cantan a la luna.
A distinguir me paro las voces de los ecos,
y escucho solanme, entre las voces, una.
¿Soy clàsico o romàntico? No sè. Dejar quisiera
mi verso, como deja el capitàn su espada;
famosa por la mano viril que la blandiera,
no por el docto oficio del forjador preciada.
Converso con el hombre que siempre va conmigo
mi soliloquio es plàtica con este buen amigo
que me enseño el secreto de la filantropia.

Y al cabo, nada os debo; debèisme cuanto he escrito.
Ami trabajo acudo, con mi dinero pago
el traje que me cubre y la mansiòn que habito,
el pan que me alimenta y el lecho es donde yago.
Y cuando llegue el dia del ùltimo viaje,
y estè al partir la nave que nunca ha de tornar,
me encantarèis a bordo ligero de equipaje,
casi desnudo, como los hijos de la mar

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